Psicosis. de Hitchcock, ralentizada a 24 horas, Arte/Entrevista: Douglas Gordon

Escocés nacido en Glasgow en 1966, revolucionó la relación entre el cine y el video-arte. En 1996, ganó el prestigioso Turner Prize de Londres, fue elegido mejor artista de la Bienal de Venecia en 1997 y, un año después, distinguido con el Premio Hugo Boss en Nueva York. En un diálogo exclusivo con adnCULTURA habla de su infancia, de sus obsesiones y de Timeline, la muestra que viajó del Moma al Malba
Sábado 15 de setiembre de 2007 | Publicado en la Edición impresa

Por Graciela Taquini
Para LA NACION

Confieso que tenía un cierto prejuicio frente a una figura como Douglas Gordon, una especie de estrella de rock del arte contemporáneo, un niño mimado en los últimos 15 años por curadores, museos y bienales. Que en la actualidad, en la mitad de su carrera, circula por todo el mainstream . En Buenos Aires se había exhibido Las Histéricas en el Museo de Arte Moderno y una versión de B Movie de la colección Jumex.

Muy relajado, con una copa de vino tinto en la mano, se muestra como un tipo sencillo, aunque con salidas insólitas: comenzó a hablar en francés cuando la conversación se refirió al tema del cine.

“Soy hijo de una familia de clase obrera, pero no quiero usar esto como un pasaporte. No quiero hacer nada que avergüence a mis padres o a mi hijo. Tengo una familia fantástica. Me siento muy afortunado por la vida que tengo.” Douglas constantemente menciona a su madre, testigo de Jehová, que ejerció una gran influencia y cuya presencia es constante en su obra. De repente suena su celular. “Es mi mamá”, comenta sonriendo y haciéndonos reír. ¿Verdad? ¿Mentira?

“Tuve una educación maravillosa en los cuatro años de la Escuela de Arte de Glasgow, donde me formé sobre todo en el campo de la performance . Allí todo se centraba en lo autobiográfico. En cambio, mis estudios en Londres fueron muy teóricos; sabía demasiado y eso no es bueno: uno tiene que sentir más de lo que sabe.”

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